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Jean Nouvel, a su manera

El arquitecto francés es un profesional atípico. Cuando sus compañeros presentaban montañas de croquis, él entregaba una simple cuartilla. Autor de la ampliación del Museo Reina Sofía, en Madrid, o de la Torre Agbar, en Barcelona, Nouvel tiene como meta llevar el contexto hasta el límite de sus posibilidades. Con cuarenta años de experiencia a su espalda, sus penúltimos proyectos son la ópera de Abu Dabi y la ciudad de la cultura de Kuwait, con sucursal del Museo del Louvre incluida, en pleno desierto.

 

Jean Nouvel, a su manera“En contra de lo que se suele pensar, Jean Nouvel no es un arquitecto mediático. Es un arquitecto mediador”. La frase pertenece al teórico y oráculo cultural francés Paul Virilio y, si se piensa un poco, es algo más que un simple juego de palabras. Ahí hay un significado que merece ser descifrado.

Aunque también hay una parte del enunciado en la que Virilio no es del todo honesto. ¡Por supuesto que Jean Nouvel es un arquitecto mediático! ¿O es que hay alguna cara tan reconocible como la de Nouvel en el circuito de arquitectos de alta costura, que recorren el mundo de concurso restringido en concurso restringido? “Este tío cada vez se parece más a Rastapopoulus, el de Tintín”, comentaba hace un par de años el gran John Pawson, al cruzarse con su colega de Fumel (1945) en un lobby del no muy sensato Hotel Puerta de América de Madrid.

Por si fuera poco ese aspecto singular, resulta que Nouvel, al trato, tiene gracia. Frente a Norman Foster (un poco pijo), Zaha Hadid (un poco esnob), Richard Rogers (un poco demasiado sensato), Jacques Herzog (un poco atormentado), Dominique Perrault (un poco enfurruñado), Peter Eiseman (un poco repipi), Álvaro Siza (un poco soso) o Rem Koolhaas (rematadamente arrogante), Jean Nouvel parece reírse de sí mismo allá donde va.

Por ejemplo: “Por esto –señalando a una imagen de la Torre Agbar de Barcelona– dicen de mí que soy un obseso sexual. Es absurdo, con todos los motivos que les he dado para pensar que soy un obseso sexual durante años, que se fijen en esto ahora... (risas del público). Además, esto no es un falo; el mío por lo menos no tiene esa pinta (carcajadas). Si hubieran dicho que este proyecto demuestra que me creo Dios, vale, lo hubiese aceptado. Pero lo de la obsesión sexual... ¡Eso ya es sabido!”. Así sonó Nouvel en una conferencia multitudinaria que dio en 2003, en Madrid.

Luis Alemany resume en este número la trayectoria y obra del autor de la ampliación del Museo Reina Sofía, entre otros edificios, y presenta las huellas del creador en España. En un segundo artículo, Óscar Caballero entrevista al arquitecto francés, defensor de las particularidades y reinventor del mundo en cada proyecto que pone en pie.





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