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La
situación cultural y artística de Portugal tras la vuelta de la
democracia evolucionó de forma irregular. Por una parte, aumentó el
número de artistas que logró integrarse en las vías de un proceso de
internacionalización capaz de abrirles nuevos mercados y, al mismo
tiempo, un panorama crítico más amplio, con la consiguiente llegada
de obras suyas a museos extranjeros. Véase, a este respecto, la
presencia de una considerable colección portuguesa en el MEIAC de
Badajoz, o el gran número de exposiciones antológicas que el CGAC,
de Santiago de Compostela, dedica a artistas portugueses. Pero lo
cierto es que ha faltado lo que algunos analistas vienen señalando
desde hace tiempo: la capacidad de definir una política para las
artes.
De este modo, sucesivos gobiernos consideraron
el arte como una cuestión de importancia secundaria, sin pensar en
la necesidad de generar una movilización cultural, económica e
incluso de promoción de la imagen del país, que el arte ha estado
dinamizando de manera creciente en el panorama internacional.
En la inexistencia de una política artística
coherente en Portugal hay que señalar dos grandes excepciones. El
primero de estos gestos fundadores lo debemos a la iniciativa de
Teresa Patrício Gouveia, la ministra que, a finales de la década de
los ochenta, inesperadamente decidió adquirir la quinta de Serralves,
en Oporto, con su extenso patrimonio jardinístico y arquitectónico,
para crear en ella una fundación con el mismo nombre que habría de
llevar el museo diseñado por Siza.
El segundo momento en el desarrollo coherente
de una política de dinamización artística se ha traducido en la
decisión de la actual ministra de Cultura, Isabel Pires de Lima,
curiosamente de nuevo una mujer, de proceder a la adquisición de la
colección particular más importante de Portugal, la Colección
Berardo, que será instalada en el Centro Cultural de Belem y deberá
pagarse en el plazo de diez años, explica Bernardo Pinto de
Almeida. En un segundo artículo, Fernando Castro Flórez
radiografía la vida y trayectoria de José Berardo. Y Alfredo
Merino entrevista a Jean-François Chougnet, director de
la nueva institución cultural, que nace con la vocación de
convertirse en una de las referencias de las rutas de los grandes
museos europeos.
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