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Escenarios de mando

La historia de la Humanidad muestra cómo la exhibición visible del poder ha sido vigorosa y permanente presencia. Diez ámbitos de excepción hablan por sí mismos de esta realidad.

 

Escenarios de mando

Acaba de publicar Ariel la cuidada traducción de “La arquitectura del poder”, una obra que, más que muchas otras con la misma pretensión y merecido e inmediato final en el olvido, habla de nuestro tiempo sobre muy bien administradas dosis de acidez y voluntad de demolición de imágenes y tópicos, absoluta y masivamente aceptados. Y muy pocos de los títeres citados y tratados acaban quedando con cabeza, como corresponde al producto de lo que Jonathan Meades, exigente y severo crítico del Times,  califica de “deslumbrante y apasionadamente indignada investigación por las más turbias profundidades de la vanidad humana...”. Ni más ni menos.

Es su autor Deyan Sudjic, británico-yugoslavo y prestigioso crítico de arquitectura, que en esto lo conoce todo y a todos en profundidad y que demuestra de forma muy brillante y atractiva lo que le sirve de subtítulo a su libro: “Cómo los ricos y poderosos dan forma a nuestro mundo”.

Huyendo del obligado respeto debido a la autoridad del momento y del lugar, hurga con efectividad en la realidad de un poder –llámese económico, político, cultural o como se quiera– empeñado en verse representado por una escenografía que le sirva de imagen para el presente y para la posteridad, a ser posible grandilocuente, expresiva e innovadora.

A su lado, los arquitectos, esos santones de nuestro tiempo al servicio  de tan lucrativa voluntad, que recorre todas las escalas posibles, de presidentes y dictadores a alcaldes, pasando por magnates y otros personajes escénicos, envueltos todos en lo que hábil y agriamente el autor destripa como unas relaciones interesadas, tensas y turbias.

Mandantes de todos los pelajes y sus servidores, endiosados ante una opinión forzada a verles como geniales plasmadores materiales del mejor mundo posible. Sudjic no tiene aquí problema alguno en mezclar a todos estos grandes nombres del actual candelero con los que erigieron toda la tramoya decorativa para elementos como Hitler y Mussolini, Stalin y Mao, el sha de Persia y Sadam Hussein, pero también Roosevelt, Kennedy, Mitterrand o incluso Tony Blair, por no hablar de los “filantrópicos” ricos, Rockefeller, Guggenheim, Agnelli o cualquier ultraacaudalado británico de pasado más que oscuro.

Sobre el tan fascinante como controvertido asunto de la unión de arquitectura y poder –escenarios de megalomanías, delirios de grandeza y dinero– versa el conjunto de artículos que protagonizan nuestra portada, recorriendo la historia de la Humanidad desde una perspectiva tan constante como sonante y, por encima de todo, obligadamente visible. Federico Lara Peinado describe las fascinantes ciudades de Babilonia y Tebas; Santiago Moreno Alba, los símbolos de esplendor económico y artístico de Atenas y Roma; Pedro García Martín, la maravillosa Florencia renacentista y el clásico y austero complejo de El Escorial; Jesús Cantera Montenegro muestra el esplendor del conjunto palaciego de Versalles; José María Solé recorre la estética desmesurada de Moscú; y Fernando Castro Flórez, finalmente, las relucientes y estrepitosas Shangai y Nueva York, epítomes de la configuración del mundo actual.





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