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Historia, mecenazgo, polémica y oportunidad
están en el origen del Centro Cultural Muros de Cuernavaca, sede de
uno de los más notables conjuntos privados de arte mexicano
contemporáneo existentes en ese país –la Colección Gelman–, que
además exhibe los dos únicos murales –de Josep Renau y de José Reyes
Neza– que lograron salvarse de la decoración del edificio que ocupó
los terrenos donde hoy se levanta este museo, inaugurado en el año
2004.
El edificio no era otro que el Casino de la
Selva, un lugar emblemático en la memoria artística mexicana del
siglo XX y testigo mudo de toda una época. Concebido como lugar de
juego hasta que la prohibición del Gobierno Cárdenas obligó a
cambiar esta función por la hostelera, a finales de los años
treinta, allí se dieron cita durante décadas artistas plásticos,
escritores, gentes del cine, cantantes, políticos y personajes
famosos. Precisamente hospedado en ese hotel, y entre la habitación
212 y el bar, terminó hace ahora cincuenta años el escritor Malcolm
Lowry la primera versión de su conocida novela Bajo el volcán
(1947), algunos de cuyos capítulos transcurren en el Casino y que
ayudaron a difundir internacionalmente la fama de Cuernavaca, la
ciudad a la sombra del Popocatepetl, a 80 km de la capital de
México.
Asunción Doménech repasa en este número
la historia del centro, visita sus salas y presenta sus piezas más
importantes, que condensan la evolución del arte contemporáneo
mexicano.
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