Y además


Mi obra

Agenda

Buzón de Arte

Suscripción

Archivo

Servicio de Atención al cliente

 
 


El paso de la Laguna Estigia

Una diagonal turquesa recorre este cuadro de derecha a izquierda, del Infierno al Paraíso. Por aquí pasean las almas de los elegidos y sus ángeles, entre bosques frondosos y animales que corren por las praderas de color esmeralda. Allá es el llanto y el crujir de dientes, los torreones en llamas y las almas de los condenados custodiadas por Cerbero. El fondo del infierno es una sombra parda, rota aquí y allá por el bermellón de las hogueras. El horizonte del paraíso es un sueño de veladuras azules. En el centro de la laguna que separa estos dos mundos, un anciano gigante rema para acercar su bote a la orilla en llamas. A sus pies, sentada en uno de los bancos de la chalupa, un alma (en pena, se supone) mira con atención la orilla del tormento que se aproxima. No hace aspavientos, está muy seria. El viejo no amenaza ni insulta –¡con la fama de deslenguado que tenia Caronte!–. Sólo rema.

El pintor Perico Pastor escribe en este número sobre esta obra maestra de Patinir, el primer cuadro que le sobrecogió, al margen de la opinión de maestros o amigos, y que, desde entonces, no le ha abandonado, asombrándole cada vez que vuelve a verla.

 





  EN PORTADA
Las nuevas Siete Maravillas
 
 
 
  FOTOGRAFÍA
Magnum, visionarios armados con cámaras
 
 
 
  PINTURA
América y el sueño picassiano
 
 
  ARQUITECTURA
Vicente Guallart, apuesta avanzada
 
  PINTURA
Cranach, el pintor de Lutero