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América y el sueño picassiano

Desde los primeros artistas norteamericanos que le trataron en París a comienzos del siglo XX hasta los expresionistas abstractos y los pop, la decisiva influencia de Picasso ha vertebrado el desarrollo del arte contemporáneo en Estados Unidos, un país al que nunca viajó, pero que guarda, en sus museos y colecciones, una parte muy significativa de su obra.

 

América y el sueño picassianoPablo Ruiz Picasso es el artista más famoso del mundo. También el más cotizado. En cierto período, también el más influyente. Pero la fama tiene su reverso. En España se reivindica a Picasso como malagueño, o barcelonés adoptivo; en Francia, lo consideran francés, a pesar de su negativa perenne a cambiar de nacionalidad. Pero resulta que donde está mejor representado es en los museos y colecciones particulares de los Estados Unidos. ¿Por qué?

Simplemente, en España nadie le compraba pintura. De joven, tuvo que falsificar dibujos de sus admirados Steinlen y Toulouse-Lautrec. Y eso que a los dieciséis años ya era el mejor pintor figurativo del país, como demuestra el cuadro Ciencia y caridad (1897). En 1900 viajó por primera vez a París y decidió que, si quería triunfar y consolidarse, debía trabajar en la Ciudad de la Luz. Así fue y así le fue. Pero tanto el Museo Picasso de París como su homónimo barcelonés son fruto de donaciones. El de Barcelona, gracias a la insistencia y generosidad de su amigo y secretario Sabartés; el de París, como pago al Estado de los descendientes del malagueño en concepto de impuestos de sucesión. En el fondo, pocos franceses compraron picassos. Su clientela estaba compuesta por algunos suizos y alemanes, y muchos norteamericanos.

El único picasso comprado por el Estado español fue el Guernica (1937), previo encargo, y aun así ha pasado más tiempo en el MoMA neoyorkino que en Madrid.

Curiosamente, Picasso nunca pisó tierra estadounidense. La única vez que se interesó por ello fue en una misión de paz, durante la guerra fría, y el Gobierno norteamericano le denegó el visado. Claro, era un comunista famoso, aunque poco dogmático.

la magia de un numbre

Hoy día, Picasso es, además, un magnífico comodín para esas muestras colectivas que pretenden glosar las maravillas de determinada colección o museo. Así pues, títulos como “De Goya a Picasso”, sirven para epigrafiar cualquier exposición que se precie.

Pero en otros casos, los menos, el nombre de Picasso constituye la columna vertebral de un discurso artístico sólido. Valga de botón de muestra la gran exposición itinerante organizada por el Whitney Museum of American Art, de Nueva York, titulada “Picasso y el arte americano”, un recorrido por la historia de la pintura y la escultura de los Estados Unidos entre principios del siglo veinte y la década de los sesenta. Actualmente, la exposición recala en su última estación, el Walker Art Center de Minneapolis –hasta el 9 de septiembre–, y es una magnífica oportunidad para descubrir ese gran desconocido que es el arte norteamericano, más allá de las producciones más divulgadas de sus nombres emblemáticos. Ricard Mas presenta en este número la exposición y desgrana la percepción e influencia de la obra del pintor malagueño entre los artistas y coleccionistas americanos.





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