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Las
cerchas que sostienen el techo del vestíbulo de entrada del Musac
dejan hueco para dos lucernarios de idéntica forma pero con
orientaciones opuestas. “Nos gusta decir que los dos lucernarios son
como nosotros”, dice Emilio Tuñón, refiriéndose a sí mismo y a su
socio, Luis Moreno Mansilla. ”Aparentemente son iguales pero, por la
mañana, cuando uno da una luz más cálida, el otro es más sombrío;
por la tarde, el que era luminoso se apaga y el que estaba apagado
se ‘enciende’. A nosotros nos pasa lo mismo. Por la mañana yo digo X
y Luis dice Y. Pasan las horas y por la tarde yo estoy diciendo Y y
Luis, X”.
Esa idea, ese ser diferentes en la igualdad,
iguales en la diversidad, aparece inevitablemente en la conversación
cada vez que tratan de explicar por qué hacen lo que hacen. Y no es
el único asunto recurrente en su discurso, lleno de alusiones a los
objetos vivos, los campos de objetos, las obsesiones personales, la
paciencia, los concursos, el dinamismo social, la metáfora de la
mochila, los hallazgos… Ideas sueltas en apariencia que terminan por
conectarse en los proyectos de su estudio (pocos y mimados) y en un
diagrama que circula en él.
Allí, en un campo de puntos, los arquitectos
van colocando símbolos que representan cada trabajo que sale de su
despacho. El emplazamiento de cada símbolo no es casual, sino que
indica las relaciones temáticas con otros trabajos anteriores. Al
final, la lá_mina se convierte en un mapa de la vida, aún corta, de
un estudio que esta primavera supo que “su” Musac había recibido el
Premio Mies van der Rohe a la mejor obra construida en la Unión
Europea entre 2005 y 2006. Luis Alemany resume en este número
la trayectoria y proyectos del dúo, adelanta sus futuros trabajos y
dialoga con ellos.
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