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Tuñón + Mansilla, revolución tranquila

Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla tienen unos intereses personales, unos modos concretos de ver el mundo que aplican necesariamente en la arquitectura que ponen en pie. Trabajan lo justo para mantener el control de lo que se produce y, en la medida de lo posible, en los proyectos en los que se embarcan. Galardonados recientemente con el Premio Mies van der Rohe por su edificio del Musac, su próxima propuesta es un gigantesco palacio de congresos junto a la antigua ciudad deportiva del Real Madrid.

 

Tuñón + Mansilla, revolución tranquilaLas cerchas que sostienen el techo del vestíbulo de entrada del Musac dejan hueco para dos lucernarios de idéntica forma pero con orientaciones opuestas. “Nos gusta decir que los dos lucernarios son como nosotros”, dice Emilio Tuñón, refiriéndose a sí mismo y a su socio, Luis Moreno Mansilla. ”Aparentemente son iguales pero, por la mañana, cuando uno da una luz más cálida, el otro es más sombrío; por la tarde, el que era luminoso se apaga y el que estaba apagado se ‘enciende’. A nosotros nos pasa lo mismo. Por la mañana yo digo X y Luis dice Y. Pasan las horas y por la tarde yo estoy diciendo Y y Luis, X”.

Esa idea, ese ser diferentes en la igualdad, iguales en la diversidad, aparece inevitablemente en la conversación cada vez que tratan de explicar por qué hacen lo que hacen. Y no es el único asunto recurrente en su discurso, lleno de alusiones a los objetos vivos, los campos de objetos, las obsesiones personales, la paciencia, los concursos, el dinamismo social, la metáfora de la mochila, los hallazgos… Ideas sueltas en apariencia que terminan por conectarse en los proyectos de su estudio (pocos y mimados) y en un diagrama que circula en él.

Allí, en un campo de puntos, los arquitectos van colocando símbolos que representan cada trabajo que sale de su despacho. El emplazamiento de cada símbolo no es casual, sino que indica las relaciones temáticas con otros trabajos anteriores. Al final, la lá_mina se convierte en un mapa de la vida, aún corta, de un estudio que esta primavera supo que “su” Musac había recibido el Premio Mies van der Rohe a la mejor obra construida en la Unión Europea entre 2005 y 2006. Luis Alemany resume en este número la trayectoria y proyectos del dúo, adelanta sus futuros trabajos y dialoga con ellos.





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