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A
los Amat, la saga familiar responsable de Vinçon, les gusta comenzar
desmitificando, de ahí que definan su catálogo como un “extenso
surtido de objetos de todas clases en general”. Así… como quien no
quiere la cosa, así… medio improvisando. Como si no hubieran pensado
hasta en el más mínimo detalle de todo lo que concierne a su
negocio. Como si, por ejemplo, las bolsas donde guardar las compras,
que renuevan constantemente, no fueran un objeto de coleccionista
firmado por los mejores diseñadores gráficos del país. Así, como si
sus escaparates siguieran, al igual que las cadenas de ropa, el
flujo de estaciones y consiguientes rebajas en vez de escuchar el
discurso de la actualidad (con escenografías sobre el desastre del
Prestige, o sobre acontecimientos deportivos, como el trofeo Conde
de Godó, entre otros), o el de algún artista o escenógrafo con ganas
de contar algo. Como si su surtido de “objetos de todas clases en
general” no constituyera un repaso por los nombres y las piezas
clásicas del diseño y una apuesta por los que, no tardando mucho, lo
serán. Hace diez años, Vinçon abrió en Madrid una segunda plataforma
–después de la de Barcelona– para promocionar el mejor diseño y un
segundo bazar donde comprarlo. Fernando Amat, al frente de la
empresa, nos cuenta su historia. Por Leila Crewn.
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