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En España, el siglo XX ha sido pródigo
escultóricamente, en cantidad y, sobre todo, en calidad. Una de las
figuras que sobresale en este campo por su especial aportación, por
la originalidad de su lenguaje y por el reconocimiento nacional e
internacional que ha conseguido es Andreu Alfaro, un artista que a
pesar de la rotundidad formal de su lenguaje plástico, decidió no
limitarse a seguir unos arquetipos morfológicos y optó por explorar
nuevas posibilidades expresivas, de manera que toda pieza acabada es
resultado de una investigación, de una experimentación, de diversos
ensayos con formas, materiales y prácticas artísticas diversas.
Este proceder tan típico de Alfaro se nos
aparece en todo su esplendor sólo al hojear los dos gruesos
volúmenes del catálogo razonado de su obra escultórica, publicado el
año 2005 por el IVAM.
Nacido en Valencia en 1929 y activo desde 1950,
a lo largo de estos casi sesenta años de creación ininterrumpida,
Alfaro ha realizado un cuantioso número de obras, esparcidas en
museos, colecciones particulares, espacios urbanos, que además de
las esculturas incluyen también dibujos, grabados, carteles y
emblemas o diseños identitarios. Un conjunto dotado de un sello
personal e inequívoco que se mueve entre dos polos que siempre se
complementan (abstracción-figuración, estatismo-dinamismo,
clasicismo-vanguardismo), aunque el éxito y la popularidad de la
obra realizada en los años setenta vinculada a las generatrices,
haya adquirido un protagonismo excepcional, probablemente derivado
de su amplia presencia en espacios públicos nacionales y
extranjeros.
Por ello, cuando este referente imprescindible
en la escultura está a punto de celebrar sus ochenta años, merecía
que se hiciera una nueva revisión de su trayectoria. Y esto es
precisamente lo que nos propone el IVAM de la mano de Vicente Jarque.
Las casi cien obras que integran esta exposición ofrecen un selecto
recorrido por el universo estético de Alfaro, a la vez que nos
explican su evolución artística y las series más relevantes que ha
realizado durante estos años, en los que ha llevado a cabo un
trabajo lleno de rupturas y contrastes que, pese a su polifacetismo,
pone en evidencia una coherencia interna. Por Daniel Giralt-Miracle.
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