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Antonio Cruz y Antonio Ortiz protagonizan una de las trayectorias más brillantes y cautas de nuestra arquitectura. Nacidos en Sevilla, titulados por la Escuela de Madrid y con estudios abiertos en Sevilla y Ámsterdam, cuentan con obras que ya están en la historia de la arquitectura contemporánea y se proyectan en Europa con nuevos edificios de gran ambición.
Sevilla y Madrid se dan la mano en su obra de manera fecunda, y su pieza más famosa, La Peineta del estadio de atletismo madrileño, parece reunir el rigor constructivo y formal de la escuela madrileña con la agudeza sevillana para encontrar con talento una síntesis propia que hunde sus raíces en el lenguaje de la mejor arquitectura del movimiento moderno clásico. La erguida peineta es en realidad una grada descubierta asomada a un lateral del campo de deportes. Realizada íntegramente en hormigón, todos los elementos que la forman cumplen una función estructural. No hay nada decorativo en su elegante curvatura. A pesar de su generoso vuelo, dentro de los muros que aparentan sustentarla se esconde un extenso centro polideportivo, con pistas cubiertas, gimnasios y oficinas. La gracia, el rigor y la sorpresa aparecen concentradas en un hermoso y seco edificio.
Estos sobrios sevillanos, arquitectos desde 1971, conocidos como los Monchis por el segundo nombre de Antonio Ramón Cruz, empezaron a colaborar en el estudio de Rafael Moneo antes de terminar sus estudios y enseguida abrieron su propio despacho en Sevilla. Si el maestro navarro valoró su construcción como directa y realista, ellos hablan a menudo de la intención de que la obra contenga un misterio. Enemigos de la evidencia, hay que buscar en el interior de sus edificios para encontrar la razón de ser del proyecto. Por Enrique Domínguez Uceta.
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