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En 1983, Serge Guilbaut publicaba un ensayo que iba a revolucionar la historia de las segundas vanguardias: De cómo Nueva York robó la idea de arte moderno. Un año más tarde, el pintor norteamericano Mark Tansey presentaba su óleo El triunfo de la Escuela de Nueva York. A través de la investigación uno, y mediante la ironía el otro, revisaban en el momento oportuno el nacimiento del expresionismo abstracto.
El francés Guilbaut situaba la primacía norteamericana de la Escuela de Nueva York en el contexto de la Guerra Fría, y la intervención cultural del Gobierno estadounidense para exorcizar el peligro rojo de la débil y desmoralizada Europa. Por su parte, el norteamericano Tansey proponía un retorno al hiperrealismo y la ironía, tras el fin de las vanguardias que significó la posmodernidad: reasumía la pintura de historia, para retratar una rendición militar en la que los generales tenían rostros de críticos y artistas.
Ahora Guilbaut vuelve a la carga con una interesante pero polémica propuesta: revisar el período 1946-1956 a la luz de las relaciones artísticas entre París y Nueva York, así como el alumbramiento de diversas tendencias artísticas bajo el paraguas de la abstracción. El revisionismo contemporáneo es curioso, pretende eliminar el canon para volver a un cierto caos, a un desenfoque a base de suministrar datos desechados o inadvertidos, para dejar claro que no hay dogma que valga, excepto la continua revisión y la interpretación polivalente.
Ésta es la línea escogida por el MACBA, desde que Manuel Borja Villel asumiera su dirección, por lo que la muestra comisariada por Guilbaut no podía haber dado con unas cimaises mejores. Bajo la bomba. El jazz de la guerra de imágenes transatlántica, 1946-1956, pretende, “descolonizar el ojo occidental. La idea central es que el espectador se pasee físicamente por los restos de la cultura de la inmediata posguerra para repensar la construcción de este pasado histórico tanto tiempo congelado en una forma estática y casi autoritaria”.
Para ello, se enfrentan diversos batallones artísticos en una cruenta batalla apoyada con numerosos documentos de época, como películas, prensa, entrevistas, programas de radio... con el horror como telón de fondo. Un horror representado por el temible poder destructivo de la bomba atómica y la revelación del exterminio en los campos nazis. Y todo ello acotado por el nuevo mapa estratégico mundial, dos filosofías enfrentadas a muerte, como el comunismo y el capitalismo, y el nacimiento de un consumismo que acabará con la náusea existencial de manera harto efectiva. Por Ricard Mas Peinado. |