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Las diferentes exposiciones de carácter internacional acerca de la civilización etrusca (recordemos la de 1992, en París, bajo el título de Los etruscos y Europa, la de Venecia del año 2000, titulada Los etruscos, y la de 2002 en Marsella, Los etruscos en el mar) evidencian el interés que el público, en general, ha tenido y sigue teniendo sobre tal civilización, que sigue encerrando numerosos misterios, todavía no dilucidados y considerada como un verdadero pórtico de la historia de Roma.
La muestra que se ha inaugurado en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, después de haberse exhibido en otras ciudades, es el mejor testimonio del interés por esta cultura, una de las más antiguas y esplendorosas de Europa. Con el estudio –constante, paciente y, sobre todo, esforzado por parte de eminentes etruscólogos– algún día, metafóricamente hablando, se podrá resolver de una vez el enigma de un pueblo, cuya lengua y pensamiento todavía permanecen mudos.
¿Cuál fue su país de origen? ¿Llegaron a Italia por vía marítima o terrestre? O, por el contrario, ¿fueron autóctonos, pero aculturados por gentes venidas de Oriente? Estas preguntas sobre los etruscos, por desgracia, todavía no han encontrado una respuesta satisfactoria. No obstante, se han lanzado varias hipótesis que postulan distintos orígenes geográficos y caminos de expansión. Por Federico Lara Peinado. |