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Habiendo nacido en las décadas anteriores al año 1000, el Sacro Imperio Romano Germánico, puesto en pie por Otón I el Grande (emperador de 962 a 973), conoció innumerables conmociones y metamorfosis desde su creación oficial, no siendo la menor aquella que tuvo lugar entre la segunda mitad del siglo XV y la primera del XVI. Fue cuando se dejó penetrar y, en consecuencia, alterar por las ideas humanísticas procedentes de la península itálica, es decir, cuando se sumergió en las transformaciones de una nueva era que pronto provocarían la ruptura de su unidad religiosa, base histórica sobre la que se asentaba su prístina identidad constitutiva.
La exposición del Museo Thyssen-Bornemisza, al ahondar en el período del primer Renacimiento en Alemania, permite rememorar muchos de los aspectos que transformaron el mundo cultural germánico en la transición del siglo XV al XVI y, a la vez, observar las imágenes de determinadas personalidades creadoras. Unas, protagonistas y otras, presencias de la época que contempló el paso de las tradiciones medievales góticas a las de un innovador período, cuyas raíces se encontraban en Italia y su sustancia, en la especial consideración que merecía el mundo de la Antigüedad clásica grecolatina. Todo ello afectó a las ciencias y a las artes, dando lugar a un auténtico nuevo mundo que se sitúa en los orígenes de lo que los historiadores denominan Edad Moderna, condicionando, en parte, su evolución. Por Juan J. Luna. |