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Saqueo y barbarie

Muertos, sangre, ruinas, destrucción, odio... En Los Desastres de la guerra, Goya realizó un brutal retrato de la España de 1808, tomada por las tropas francesas. La Guerra de la Independencia se saldó con miles de muertos y la salida del país de obras de Velázquez, Tiziano, Rafael y Murillo. Palacios e iglesias sufrieron un saqueo sistemático. Los tesoros acumulados por Austrias y Borbones nunca volvieron a casa.

 

Saqueo y barbarieComienzan las celebraciones del segundo centenario de la Guerra de la Independencia (1808-1814) y desde “Descubrir el Arte” nos sumamos a ellas con un número especial dedicado al tema y la edición del libro de “Los Desastres de la Guerra”, de Francisco de Goya, verdadero alegato contra la violencia de aquella guerra y de todas las guerras.

Goya, testigo excepcional de aquellos años de barbarie (“Yo lo vi”, titula el aguafuerte número 14 de su obra), nos presenta los horrores de aquel período con una mirada absolutamente independiente. Las páginas de “Los Desastres” son la mejor crónica de aquellos años de violencia, de hambrunas y de muerte. Sus 82 láminas se convierten en un grito de dolor donde, como siempre, los perdedores son los niños, las mujeres, la población civil que se muere de hambre por las calles... Creemos que la edición de “Los Desastres” que obsequiamos a todos nuestros lectores este mes es la mejor forma de entender, desde una publicación de arte como la nuestra, este enfrentamiento cruel y despiadado.

Ya tratando de arte, este conflicto, como jamás ningún otro en España, produjo daños colaterales irreparables en este campo. El expolio artístico a manos de los ejércitos napoleónicos –y británicos, no lo olvidemos–, saqueó y vació literalmente nuestras iglesias, conventos y museos, a veces con la permisividad de los gobernantes españoles. En estas páginas reconstruimos, por ejemplo, la triste historia del botín artístico recuperado por Wellington y que nuestro Fernando VII le regaló graciosamente y que hoy se exhibe en el Museo Apsley House londinense. En esa ocasión perdimos para siempre obras de las colecciones reales o eclesiásticas como la “Venus del espejo”, que reproducimos en portada y que ahora está de visita en el Museo del Prado, junto a otras muchas de Rafael, Murillo, el Greco o Van Eyck, por citar sólo a algunos de los grandes maestros de la pintura universal. Es, pues, esa otra cara de la guerra, el expolio artístico, la que ocupa gran parte de este número de la revista.

Cinco especialistas analizan las consecuencias sobre el patrimonio español de aquella guerra. Arturo Colorado explica cómo, después del saqueo de Egipto, Napoleón se entregó con gran celo al expolio del patrimonio europeo y cómo, en el caso de España, fueron saqueados los conventos e iglesias. En un segundo artículo, el autor detalla las grandes obras maestras que salieron para siempre de España y aquellas que se recuperaron en el último instante.

Juan J. Luna cuenta cómo Fernando VII dondó a Wellington por su ayuda en la Guerra las obras maestras de las colecciones reales españolas que hoy se exhiben en Apsley House, en el centro de Londres; Barbara Rose destaca la moderna visión del hombre que Goya plasmó en “Los Desastres”; y Jesús Gutiérrez Burón repasa cómo la Guerra de la Independencia inspiró a un sinfín de artistas del siglo XIX. Por último, Javier Díaz Guardiola presenta los artistas contemporáneos que han recogido en sus obras dramáticos episodios relacionados con la guerra.





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