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Dominique Perrault, el orfebre exquisito

Oficio intemporal, pensamiento estricto y vanguardia tecnológica se aglutinan en las obras del creador francés para diseñar sorpresas pioneras.

 

Dominique Perrault, el orfebre exquisitoOficio intemporal, pensamiento estricto y vanguardia tecnológica se aglutinan en las obras de Dominique Perrault para crear sorpresas pioneras. Varias de ellas están en España. En Madrid construye el Centro Olímpico de Tenis, con una de sus piezas maestras, la Caja Mágica, un enorme y sutil palafito que llenará de vida y de reflejos luminosos la ribera del río. En Barcelona, progresan dos torres hoteleras, y en Durango, otra residencial. Y pronto se unirán el estadio Montigalá de Badalona, la playa de las Teresitas de Tenerife y, en León, el conjunto del Palacio de Congresos y un bloque de oficinas.

En la actitud de Perrault, que propone actuar olvidando que se es arquitecto, han sido determinantes los estudios de urbanismo e historia que cursó en París desde que se titulara en arquitectura en 1978. Su incesante participación en concursos, es fuente de su trabajo, éxito y galardones como el Mies van der Rohe, el Grand Prix National de Architecture o la Legión de Honor. Sus obras, que idea en la oficina de París y controla desde las sucursales de Berlín, Barcelona o Luxemburgo, Madrid y San Petersburgo, proceden invariablemente de primeros premios. En 1984 logró de este modo una ópera prima magistral, la Escuela de Ingenieros en la Marne-la-Vallée, con una rampa al estilo monumental de Boullé, a la que siguió otra en 1988, el Hotel Industrial Berlier.

Un año después, con tan sólo treinta y seis años, saltó al Olimpo tras adjudicarse la nueva sede de la Biblioteca Nacional de Francia en París. Su filosofía: actuar olvidando que se es arquitecto.

Mercedes Peláez repasa en este número la trayectoria del creador francés y presenta sus proyectos pasados y futuros en España. Y Elena Pita dialoga con el arquitecto, que no ha perdido la sinceridad que, en algunos momentos de su carrera, le ha convertido en un personaje incómodo.





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