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“Trabajaba a borbotones. Imaginaba sin parar e inventaba al tiempo que hablaba y comía. Era como un águila que todo lo sobrevolaba, con una capacidad de visión francamente increíble. Desde las alturas, bajaba para llevarse lo que quería. Cuando se ponía del lado del espectador, le interesaba la historia y el progreso. Despreciaba la mediocridad y el posibilismo... Siempre quería más y disfrutaba con casi todo”.
Quien así habla de Juan Muñoz, el artista más internacional que ha dado nuestro país en la segunda mitad del siglo XX, es la escultora Cristina Iglesias (San Sebastián, 1956). Nadie mejor que ella para arrancar una conversación con los creadores españoles actuales –algunos, compañeros de generación; otros, más jóvenes, pero bajo su legado– para establecer una visión mucho más cercana de las grandes aportaciones del madrileño a la plástica contemporánea.
Javier Díaz Guardiola dialoga en este número con aquellos artistas con los que Muñoz compartió vivencias y en los que dejó una profunda huella y presenta las tres exposiciones –en la Tate de Londres, en el Guggenheim de Bilbao y en el portugués Museo Serralves– que en los próximos meses van a ahondar en la proyección de la figura del creador español.
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