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No fue un genio precoz, un niño prodigio, todo lo contrario. Descubrió su vocación tardíamente y de forma casi milagrosa, cuando se recuperaba en un hospital de un colapso nervioso (padecería de ello toda su vida) y su compañero de habitación se entretenía copiando al óleo paisajes suizos de reproducciones en color.
Después de leer, de apasionarse con la lectura de los dos volúmenes que componen la impresionante biografía que ha levantado Hilary Spurling sobre Matisse (llega ahora a las librerías españolas de la mano de Edhasa) uno se queda no sólo con la impresión de haber penetrado en las claves de un genio de espíritu indomable, y, por tanto, inaprehensible, sino de haber asistido a una lección magistral sobre arte.
Ganadora del prestigioso premio británico Whitbread, la obra, a la que la autora dedicó quince años de trabajo intenso, rastreando en los documentos y en la gruesa correspondencia del pintor, se bifurca en dos caminos, el del artista desconocido y el del maestro reconocido, ambos unidos por una pasión creadora capaz de superar todos los obstáculos. Hay tantos elementos, tantas historias, tantas reflexiones, en torno a Matisse que a cada lector le corresponderá hacer su particular interpretación, quedarse con aquello que más toque su sensibilidad. El universo de Matisse parece inabarcable y Spurling se afana en cargarse los mitos, los malentendidos en torno a una figura controvertida. Por Emma Rodríguez.
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