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El momento Bergman
En su 21 cumpleaños, la feria de antigüedades de Maastricht (TEFAF) confirma el peso creciente de arte contemporáneo en sus stands. Descubrir el Arte asiste a la gran puesta en escena del encuentro internacional de galeristas y anticuarios.
Los últimos minutos antes de la inauguración de la TEFAF son de febril actividad en los stands de las galerías (227 este año) invitadas a la feria. Los dueños ponen a punto sus libros de cuentas y revisan números en el portátil, semiocultos tras sus mercancías. Para los empleados, es la hora de sacar los tesoros de los baúles, de eliminar con el plumero hasta la última mota de polvo, de abrillantar la plata con tarnishield y repasar las vitrinas con gamuza y cristasol. Las dependientas de las marcas de joyería Graff, Chopard y Bulgari colocan diamantes, esmeraldas y perlas en las estanterías blindadas, mientras guardaespaldas con aspecto de Vigo Mortensen en “Promesas del Este” desalientan una contemplación muy cercana o muy prolongada de la operación. Los objetos preciosos que se exponen a la venta por primera vez en esta feria –de lo contrario habrían sido vetados por el comité de 22 sabios que examina cada pieza– son los dueños del instante. Su densidad simbólica, el brillo y el prestigio que confiere su posesión cuaja el ambiente en un escenario cuya solemne barroquidad podría compararse a la abarrotada y mágica almoneda en que transcurren algunas escenas de Fanny y Alexander, de Ingmar Bergman. A las doce en punto, decenas de carrillones de la relojería Crijn&Stender inundan el aire al unísono con un sonido añejo y limpio que da el pistoletazo de salida de la inauguración, una ceremonia previa a la apertura oficial de la feria, a la que asisten varios miles de personas por invitación exclusiva de los galeristas. Por Arturo Arnalte. |