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Durante los siglos XI y XII, todas las regiones europeas intercambiaron planteamientos y formas artísticas. Participaron en una empresa común llamada Románico, el primer arte internacional del Medievo. Para su desarrollo, la itinerancia de artistas y obras suntuarias fue un factor esencial y la inspiración en Roma, la idea básica. El legado antiguo fue intensamente apreciado y recreado en las diferentes tierras mediterráneas.
Pocos museos en España están en condiciones de producir una exposición de arte románico que vaya más allá de la puesta en valor de sus fondos propios y la ocasional y fugaz exhibición de alguna que otra pieza en préstamo.
Las últimas grandes exhibiciones dedicadas a arte mueble y suntuario de época medieval han sido encargadas y costeadas por el Estado (De Silos a Limoges, Maravillas de la España medieval, Vestiduras Ricas) o gobiernos autonómicos (La edad de un Reyno, la dilatada serie de Las Edades del Hombre y otras análogas). Los museos no han contado hasta ahora con recursos suficientes para abordar empresas de este calibre, y cuando han estado predispuestos no se han llevado a efecto, como sucedió con la frustrada The Art of Medieval Spain (Nueva York, Metropolitan Museum, 1993). Cabe recordar las muestras dedicadas a Bizancio y a Torredonjimeno desde el Arqueológico Nacional y la de los Descendimientos catalanes, a cargo del Museu Nacional d’Art de Catalunya en colaboración con el Musée National du Moyen-Age de París.
No es usual que nuestros museos programen exposiciones temáticas dedicadas al dinámico y fascinante período románico. El MNAC, antes que ningún otro, podía y debía arrostrar ese reto. Y lo ha hecho. Sus salas acogen ahora un ambicioso proyecto expositivo dedicado al arte europeo del siglo XII, el primero de este perfil y temática que lleva a cabo esta institución. Los comisarios de la muestra, Manuel Castiñeiras y Jordi Camps, han sabido reunir más de un centenar de obras, muchas de ellas magistrales, de procedencia muy diversa y en un alto porcentaje traídas de colecciones americanas. Por Gerardo Boto Varela.
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