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El triunfo del pintor arquero
Hasta hace bien poco tiempo, comer pescado fresco sólo era posible en las zonas costeras. Sólo cuando una población estaba situada en el área de influencia de una vía comercial podía disfrutar, estacionalmente, de los productos del mar. Las malas comunicaciones, las escasas posibilidades de conservación y los reducidos márgenes de explotación convertían su transporte al interior en una auténtica aventura. A la Corte, tampoco llegaba apenas pescado. Y el que se recibía era, sobre todo, de origen fluvial. Sólo las especies que, pese a las dificultades, podían transportarse vivas hasta la cocina, trasladadas en recipientes especiales, como la anguila, podían ser consumidas con relativas garantías sanitarias. Uno puede comprender mejor así el asombro que causaría entre los espectadores la contemplación del bodegón La vendedora de pescado, de Juan van der Hamen, que Ansorena pone a la venta este mes: una comerciante de peces, acompañada de una mujer con velo negro y un muchacho con cesta, que sostiene entre sus manos, precisamente, una anguila todavía viva. No sólo por la rareza de los animales representados, sino por la extraordinaria habilidad con la que este flamenco-madrileño jugó con las posibilidades técnicas y luminosas de sus escamas, espinas y correosas pieles. Por Óscar Medel.
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