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El Campus de la Justicia será visible desde el aire por su proximidad a las pistas aeroportuarias. La vista de los viajeros será reclamada desde tierra por una variada colección de ruedos sueltos, brotando de la arboleda entre los tilos plateados de un denso jardín cercado. Bajo las copas, destellará un río zigzagueante de marquesinas de vidrio que cubrirá el camino peatonal, pautando el laberinto sin referencias del bosque, y enlazando los accesos a los edificios con aceras rodantes.
Sobre este trayecto quebrado se sucederán a izquierda y derecha, deshaciendo el espacio en sugerente procesión formal, dieciocho obras cilíndricas de autor. Quince han sido ya contratadas, algunas por designación directa y, en su mayoría por concurso a profesionales noveles españoles y arquitectos consagrados. Cuatro de ellos, Ieoh Ming Pei, Norman Foster, Zaha Hadid y Richard Rogers, se hallan en posesión del premio Pritzker de Arquitectura.
Ordenados por conveniencia funcional de uso, iniciará el desfile de cilindros el volumen de accesos y servicios. Encargado recientemente al Estudio Cano Lasso y al equipo Nolaster, se rompe en cuerpos separados y controlará el funcionamiento de los edificios restantes. Seguirán, sobre un ramal a la izquierda, el Registro Civil, con forma de casco, de Ángel Borrego; y el Juzgado de Guardia, de Luis Enguita, Paloma Lasso de la Vega y Enrique Azpilicueta, que es uno de los más valorados por el público a causa de su trazado ondulante.
Nada en este juego de arquitectura es casual. En 2005, José Manuel López-Peláez y Javier Frechilla lograron el primer premio del concurso internacional convocado para la ordenación del Campus de la Justicia, con un esquema tipológico indiferente al mero reparto de su solar rectangular. La hábil definición de un tipo arquitectónico cilíndrico y su rosario de huellas y posiciones circulares, decantó la elección del jurado. Sin perder la unidad de conjunto, la propuesta conseguía aunar, y poner en valor, soluciones distintas a elegir por autores diversos y construirlas por etapas autónomas. Por Mercedes Peláez.
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