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Este mes, la tecnología es la protagonista del panorama artístico español: 2008 podría ser recordado por los amantes del arte contemporáneo como el año su año más activo. El MEIAC de Badajoz ofrece el primero de estos grandes eventos con su exposición “El Discreto Encanto de la Tecnología”. Pronto, en octubre, Peter Weibel, comisario también en Badajoz, dirigirá la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla, BIACS 3. Allí presentará todo un escaparate de los trabajos artísticos más representativos del siglo XXI relacionados con la física cuántica, la ingeniería hidráulica o la nanotecnología, en contexto con la arquitectura o el medio ambiente. El Museo Reina Sofía, por otro lado, se une también a esta casual celebración con la importante exposición, “Máquinas y Almas”. Ante esta competencia, la aportación del MEIAC es sobresaliente al mostrar la primera antología sobre la producción de media art en España. En esta muestra se encuentran, heredando acertadamente las fórmulas expositivas estructuralistas de la pasada Documenta 12 de Kassel y la célebre Artempo, los orígenes conceptuales del actual código binario informático por medio de los pergaminos de El Escorial, del filósofo del siglo XIII Ramón Llull, en relación con el arte digital.
Este mes nuestra visita al estudio de un artista nos lleva a Nuev York, entre Washington Square y Houston Street, donde se encuentra el nuevo estudio neoyorquino de José Manuel Ciria, un espacio diáfano, abierto al paisaje urbano, a través de una hilera de amplias ventanas que deshacen el muro y ordenan la luz interior. Su anterior taller madrileño también resultaba un espacio sereno y fácilmente habitable, y ambos lugares han funcionado como polos opuestos de creación para el artista, permitiéndole experimentar un rotundo giro estético: la vuelta a la línea, la estructura y el dibujo.
Ciria nos invita a verle operar con estas nuevas concepciones plásticas; enseguida, nos sorprende el uso ocasional de plantillas que dispone sobre el lienzo y que marcan el contorno lineal de sus formas. A veces, por su repetición en diversas obras, estos dibujos adquieren el carácter de una matriz modular que se reinventa a sí misma a través de sutiles variantes. Su trabajo se desvela como una exploración de las múltiples maneras de hacer y percibir las imágenes, una constante vuelta de tuerca a los mecanismos de la pintura: la geometría, la mancha, el dibujo, el soporte, la iconografía, así como la combinatoria meditada de todos estos elementos, se constituyen como herramientas de una reflexión que es constantemente atravesada por nuevos interrogantes.
Como todos los meses de agosto en la sección de Libros, Javier Goñi nos presenta una atractiva selección de los más sugerentes ensayos y novelas con un eje central en el arte y los creadores. Comienza con un libro inédito de Eugenio d’Ors, una obra que se coló, casi con la puerta cerrándose, en la temporada artístico-literaria del pasado mes de junio: “París” (Funambulista). Don Eugenio, esteta, falangista, hombre de leyendas varias, grandísimo escritor, se ocupa en las primeras páginas de sus glosas parisienses de 1906, escritas en papel diario y ahora recogidas en libro, de los Salones de pintura, en contraste con “esos inmensos y desangelados almacenes de telas pintadas” de la actualidad.
Desde los Salones de París hasta el Museo del Prado, una serie de autores españoles, de corte inquietante y misterioso, como la obra Pablo d’Ors (sobrino del anterior), “El estupor y la maravilla” (Pre-textos), una incursión por diversas salas de la mano de un novelesco vigilante de museo. De índole totalmente contraria es la novela –desternillante– del escritor y periodista Tomás García Yebra, autor de “Los crímenes del Museo del Prado” (Funambulista).
Y es que Velázquez da mucho juego. Fascinado por el personaje y por su obra, el profesor y crítico literario José Luis Martín Nogales se ha lanzado –con oficio de veterano– a escribir su primera novela, “La mujer de Roma” (Ediciones B), e intentar contestar, en un relato de mucho brío, a algunos interrogantes: ¿quién se esconde tras La Venus del espejo?.
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