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Destrucción y delirio

Una exposición recuerda en Berlín el proyecto nunca realizado de Germania, la metrópoli soñada por Hitler y encargada a Albert Speer, su arquitecto favorito, en la primavera de 1936.

 

Destrucción y delirioContra todo pronóstico, algo del proyecto llegó a realizarse y puede percibirse en el Berlín actual. Además, fue causa de que Hitler, por una vez en su vida, se quedara sin habla durante un rato. El 19 de abril de 1939, víspera de su cincuenta cumpleaños, se inauguró el tramo occidental del eje este-oeste (actual Avenida del 17 de Junio), que se iniciaba en la Puerta de Brandenburgo y prolongaba el trazado de Unter den Linden, la avenida de prestigio de la capital desde el siglo XVIII. Los fastos incluían un muy esperado discurso de Speer –el primero suyo–, circunstancia que ya no tenía manera de evitar como había hecho siempre. Ante las autoridades, las cámaras y una gran multitud, el dictador se apeó de su automóvil y se plantó expectante a dos metros escasos de él. El joven arquitecto respiró hondo y dijo: “Mein Führer, anuncio la terminación del eje este-oeste. Que la obra hable por sí misma”. Se produjo una larga pausa antes de que Hitler contestara con algunas palabras. Luego le dijo que no le había dado tiempo a preparar su respuesta, pero que había sido “un buen discurso”, de los mejores que había oído en su vida. La anécdota pasó a formar parte del repertorio que gustaba de repetir y que había que reírle cada vez como si fuera una novedad.

Ante todo, María Condor describe el proyecto como una metáfora de los planes de Hitler de dominar el mundo, como su plasmación visual más directa y expresiva. Aparte de su frustrada vocación de pintor y de arquitecto, de su obsesión –que data ya al menos de los años veinte, de “Mein Kampf” y de sus primeros y fracasados experimentos como político– por los “mensajes en piedra” y de su megalomanía constructiva, la remodelación de la capital, por su inmenso coste y por sus incalculables requerimientos en mano de obra y materiales de construcción, era claramente dependiente de un eventual éxito militar que habría de traducirse en el dominio de extensas regiones de Europa de donde se importarían los materiales y enormes contingentes de trabajadores esclavos. Dado que Hitler puso en marcha el proyecto nada más hacerse con el poder, es evidente que sus intenciones estaban claras ya mucho antes de la guerra, mientras declaraba ser un amante de la paz.







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