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En septiembre de 1908 el Salón de Otoño de París rechazó cinco cuadros de Braque, incluido uno compuesto, según Matisse, “de pequeños cubos”. Cien años más tarde, una ambiciosa muestra lo equipara con Manet y Delacroix, en particular, y los grandes maestros en general. “Picasso et les maîtres” se llama precisamente esta primera exposición conjunta de tres museos nacionales: el Louvre, el Museo de Orsay y el Grand Palais. El sol, Picasso; sus satélites, los gigantes de la historia de la pintura. Más de 250 obras y un presupuesto de 4.370.000 euros. Sin giras ni prolongaciones, el gigantesco montaje ha sido posible gracias a la garantía del Estado y al mecenazgo de LVMH, que ha apadrinado ya 32 grandes exposiciones, tres de ellas entorno a Picasso.
En el estudio de Yolanda Tabanera, un pequeño reino de cristal, somos testigos de cómo la escultora madrileña es capaz de extraer la esencia de los materiales clásicos. “Es mi pequeño imperio, mi reino particular. El lugar donde saco y cuezo las ideas. Pero la producción, cada vez más frecuentemente, la tengo que hacer fuera”, relata mientras muestra, desplegados en el suelo, los dibujos preparatorios de su próxima exposición, este otoño, en Travesía Cuatro, una galería en la que ya en 2005 expuso su última obra, en la que coexistían materiales diferentes y distantes como el gres, el bronce, el vidrio, la rafia, el fieltro y el pan de oro. En esta ocasión, la muestra abordará como tema principal la muerte y la trascendencia. Y es que la obra de Tabanera es fuertemente introspectiva. En ocasiones nace de las propias entrañas de la artista, como la serie sobre el cuerpo humano que hace un año expuso en el Museo Barjola de Gijón.
Y en la sección de libros, Javier Memba nos presenta “Miradas insumisas” de Alberto Mira, una rigurosa revisión de la homosexualidad a través de la mirada del cine.
En líneas generales, dicha historia del cine gay, insumiso si se considera que no se somete a la mirada heterosexual al uso en la mayor parte de la producción, proseguiría en títulos como “Scorpio Rising", todo un clásico del underground y del fetichismo homosexual dirigido por Kenneth Anger en 1964. A la zaga irían las inequívocas propuestas de Paul Morrissey –Flesh (1968)–, Rainer Werner Fassbinder –Las amargas lágrimas de Petra von Kant (1972), Querelle (1982)–, Derek Jarman –Sebastiane (1976)–, Pedro Almodóvar –La ley del deseo (1987), La mala educación (2004)–… En fin, un largo etcétera que acabaría con la aclamada Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), acaso el mejor ejemplo de lo que Alberto Mira llama “normalización” en la pantalla de esta sexualidad insumisa. |