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A la manera de…
Sobre cerámicas contrahechas, influencias, copias e imitaciones. Durante la Edad Moderna los principales centros españoles lucharon con poco éxito para preservar de la competencia sus técnicas, formas y estilos decorativos.
Las ordenanzas gremiales de los ceramistas solían establecer fuertes medidas de control, para intentar evitar que personas pertenecientes a otros centros tuvieran la posibilidad de aprender las técnicas y llevárselas después para hacerles la competencia. Pero los mecanismos de control no fueron los mismos en todas partes ni se aplicaron con la misma intensidad, incluso variaron a lo largo del tiempo.
Antonio Perla nos describe distintos casos: en Manises, las Ordenanzas del Gremio de Maestros de Obra de Tierra de 1627 prohibían a los maestros contratar o acoger a oficial forastero alguno sin contar con la autorización del Gremio y del Señor del lugar. Pero, en 1652, las normas se endurecieron aún más y entonces se decretó que incluso los criados que trabajaran en el obrador habían de haber nacido en la Villa o residido al menos dos años en ella. En, otros centros, como en Aragón, los filtros para frenar la llegada de extranjeros fueron más sutiles, grabando con diferentes cánones la incorporación de los foráneos sobre los propios, con escalas según fueran de la comunidad, del reino o forasteros. Así pues, cuando toca identificar un objeto cerámico, no puede olvidarse que entre la simple copia y la inspiración se enreda una madeja difícil de deshacer; que el deseo de complacer a los clientes que lleva a la incorporación de los modelos demandados se convierte en ley de vida, y que la adopción de patrones foráneos es algo inevitable que tiene que ver con los gustos, las tendencias y las modas. De la simbiosis han surgido los estilos y las peculiaridades de todos nuestros centros cerámicos.
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