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A pesar de que sus conocidas bailarinas nos resultan hoy amables y familiares, la obra y la personalidad de Degas fueron inusuales en su época y en el contexto del panorama artístico francés del último cuarto del siglo XIX. Degas fue un impresionista atípico, inclasificable, situado siempre a caballo entre los usos pictóricos de sus amigos, los genuinos seguidores del impresionismo, y las enseñanzas de los seguidores del realismo. Sus creaciones, aparentemente agradables, rompieron, sin embargo, con muchos de los tabúes del momento, al mostrar la realidad sin ambages, desprovista del dulce velo de la idealización.
Paloma Esteban Leal traza en este número una interesante biografía del artista parisino, centrándose en aquellos temas que se convirtieron en sus musas y modelos: Degas estuvo siempre interesado en el estudio del movimiento, de ahí su constante y muy conocida predilección por los temas relacionados con el mundo de la danza. Como uno más de los abonados que acudían a los espectáculos de ballet organizados por la Ópera de París, el pintor tenía acceso al foyer, zona de ensayo que hacía, asimismo, la función de vestíbulo o sala de descanso, donde en las personalidades asistentes cambiaban impresiones con las bailarinas. Esa misma condición de abonado le permitía también permanecer entre bastidores, observando todo cuanto rodeaba a la propia representación. Para Degas, el mundo del ballet se iba a transformar en la excusa perfecta para explorar nuevos caminos artísticos, que afectarían tanto al color como a los elementos formales o la composición.
Además, presentamos una de las facetas más desconocidas de la vida del artista: su relación con las modelos, con las muchachas y jóvenes bailarinas que inmortalizó en lienzos y esculturas. A través de un extracto de “Degas y su modelo”, publicado el 16 de febrero de 1919 en diario parisino “Le Mercure de France”, Alice Michel, nos presenta a Pauline, una de las muchas jóvenes que posaron para él: soportó interminables horas inmóvil, expuesta a la humedad de los talleres y al carácter imprevisible del pintor. |