Y además

Mi obra

Agenda

Subastas

Cine

Buzón de Arte

Suscripción

Archivo

Servicio de Atención al cliente

 
 


¿Arte o vandalismo?

El grafitti cotiza al alza en el mercado, mientras la ley persigue a sus autores. Brassaï y Dubuffet se rindieron ante estas pintadas callejeras que recibieron de Basquiat y Haring el impulso definitivo para colarse en los museos.

¿Arte o vandalismo? Entre las calles Grand y Wooster, en Nueva York, un muro atrae todas las miradas. Hasta el pasado octubre, no era más que una simple pared, pero desde que en ella apareció una de las ratas de Banksy, se ha convertido en una obra de arte. Ésta en concreto viste una camiseta en la que se puede leer I love NY. “¿Banksy ataca de nuevo?”, se preguntaba el New York Times, mientras la noticia corría como la pólvora en blogs y otros mentideros neoyorquinos. Que nació en 1974 en una localidad cercana a Bristol, es el único dato certero que se conoce de su biografía. El diario londinense The Mail on Sunday aventuró recientemente que podía tratarse de Robert Gunninghan, identificado a partir de una supuesta fotografía suya en plena acción, tomada con el móvil por un transeúnte y publicada por varios medios británicos en 2007. Pero con éste, van ya varios intentos de identificarle y él ni confirma ni desmiente.

El misterio en torno a su identidad, así como la sorpresiva aparición de sus pinturas en muros de todo el mundo, no hace sino acrecentar la fama de este escurridizo graffitero, cuyos trabajos alcanzan cientos de miles de euros en subastas internacionales. Se llegó a pagar, en una puja por Internet, 275.000 euros por una pared de la calle Portobello decorada por él.

Es innegable el valor artístico de sus graffiti y estarcidos, por la calidad de los dibujos y su ingenio. La mayoría tiene una fuerte carga política y de denuncia del capitalismo salvaje, el consumismo y el militarismo. Banksy toma elementos de la cultura pop y los transvierte en alegatos contra todo lo que simbolizan. Y lo más curioso es que su mejor cliente es precisamente el establishment al que satiriza.

Es cierto que no todos los graffiti son obras de arte que embellecen la ciudad. No obstante, resulta paradójico que mientras en el mercado, y por ende en muchas galerías y museos, se vive un auténtico boom por el arte urbano, la ley castigue a estos artistas, incluso con la cárcel. El veterano graffitero francés Blek le Rat, a quien Banksy señala como influencia, tiene un extenso historial de multas y detenciones desde los años ochenta. Tras ser detenido en 1991 y ante las perspectivas de prisión, decidió dejar de pintar directamente sobre el muro y hacerlo sobre un póster que pega después en la pared. Sara Puerto ahonda en este número en las raíces ancestrales del grafitti, traza su evolución contemporánea y presenta sus máximos estandartes actuales.

 





  EN PORTADA
Metropolitan, tributo a Montebello
 
 
 
  ARTE CONTEMPORÁNEO
Picasso, naturalezas “vivas”
 
 
 
  ARTE CONTEMPORÁNEO
Barceló, la llamada de África
 
 
  ARTE URBANO
¿Arte o vandalismo?
 
  EXPOSICIÓN
Giovanni Bellini, la armonía del color