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Durante buena parte del siglo XV, la pintura veneciana permaneció apegada a ciertas soluciones medievales que dependían sobre todo de la aún enérgica tradición bizantina, muy presente en Venecia por la cercanía geográfica con Bizancio y por las fructuosas y muy intensas relaciones comerciales que desde hacía mucho tiempo se habían establecido entre el Imperio Bizantino y la floreciente ciudad de la laguna. Sin embargo, una serie de felices circunstancias cambiaron el devenir artístico de la metrópoli durante el último tercio de esa misma centuria.
Hace algunos años, Augusto Gentili afirmó que “el padre de la pintura veneciana es indiscutiblemente Jacopo Bellini”, recurriendo a los álbumes de dibujos de Jacopo para argumentar una sentencia a la postre tan lacónica. Teniendo en cuenta que apenas se conservan pinturas de Jacopo, creo que Gentili dijo lo que dijo con más ánimo polémico que otra cosa, aunque en parte tenía razón, pues Jacopo fue responsable del taller italiano más importante de la segunda mitad del siglo XV.
Lo más notable es que en ese ambiente artesanal imbuido de los últimos coletazos del llamado Gótico Internacional crecieron sus dos hijos, Gentile y Giovanni, con la mala suerte para Gentile de que el azar lo convirtiera en hermano de Giovanni, uno de esos rarísimos individuos cuyo cometido en la vida parece que hubiera sido recoger la pintura en un punto determinado y llevarla a unos terrenos inéditos que, por suerte, son ahora explorados en una memorable muestra.
Con la dirección del incansable Mauro Lucco y de Giovanni C. F. Villa, se celebra en las Scuderie del Quirinale de Roma con un planteamiento y una intención que perpetúan los que se desarrollaron en el mismo lugar revisando la obra de Antonello da Messina. La primera gran monográfica sobre Bellini fue organizada por Rodolfo Pallucchini en 1949, pero la actual no es sólo excepcional por el tiempo que ha pasado desde aquella primera experiencia, sino, sobre todo, porque los organizadores han logrado reunir buena parte de la producción del pintor y han congregado obras representativas de toda su carrera. José Riello desgrana en este número los detalles de una muestra que ha sido acompañada, además, por un extraordinario trabajo de restauración e investigación concretado en un catálogo convertido ya en la más completa monografía sobre el artista. |