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Las nuevas tecnologías, entre las que destaca el cortado al láser de distintos materiales, han hecho posible un encaje sólido o solidificado que dispara sus posibilidades en tres dimensiones, mientras que cierta hartura de planos continuos y formas sencillas ha acabado de encumbrarlo. Hasta el próximo 1 de marzo, una de las ciudades cuna del encaje tradicional, Brujas, ofrece la posibilidad de descubrirlo en sus versiones más modernas –hecho lámpara, sombrilla, broche, carrito y hasta una carretilla – en un itinerario por sus museos más importantes y también por sus jardines y sus plazas. La iniciativa se llama “Kantlijnen / The face of lace” y presenta el lado más callejero del encaje. Por Leila Crewn.
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