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Los grandes museos nutrieron sus colecciones gracias a pillaje, expolios, botines y, ya más civilizadamente, a las donaciones. El Museo de Arte Islámico (MAI) que se acaba de inaugurar en Doha, capital de Qatar, es resultado del petróleo. En menos de veinte años, el rico Emirato ha ido comprando lo mejor de siete siglos de arte del Islam, incluidas fabulosas piezas que van desde cortinas de seda ricamente ornamentadas procedentes de la Alhambra, hasta un colgante de jade perteneciente a Sha Jajan, que ordenó construir el Taj Mahal en el siglo XVII.
Para envolver la fabulosa colección, la arquitectura del nonagenario arquitecto I. M. Pei, quien a su vez encargó el interiorismo de los 4.500 m2 de superficie de exposición a Jean-Michel Wilmotte, colega con quien ya colaborara en la remodelación del Louvre. Ambos trabajaron sin limitación de presupuesto, a partir de una cifra inicial que rozaría los 300 millones. De las más de 4.500 obras que componen la colección, más de 700 están expuestas. Una panorámica en el tiempo y el espacio, abarca mil trescientos años de historia y tres continentes, para una cultura que se extiende desde España hasta la India. Óscar Caballero presenta las características del nuevo espacio y destaca algunas de las más valiosas obras de la colección. |