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Julio González, el hombre gótico

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta una de sus grandes apuestas del año: cerca de 200 piezas de este pionero de la escultura de hierro, que repasan su trayectoria desde su etapa barcelonesa hasta sus experiencias con el cubismo.

 

Julio González, el hombre góticoJulio González murió el 27 de febrero de 1942 en su casa-estudio de Arcueil, una población situada en la corona suburbial de París. Aunque había vivido en Montparnasse durante cuarenta años y no hacía mucho tiempo que se había establecido allí, Arcueil era un lugar que conocía bien. Siempre había sido un excursionista compulsivo. Los domingos, y a veces también algún día entre semana, se subía al metro o a un tren de cercanías para ir al campo y andar durante horas. Alguna vez dibujaba o tomaba apuntes de paisaje. Arcueil, estación terminal sur de la línea 5 del metro parisino, era un punto de partida frecuente de esas caminatas. Cerca, hacia el sureste, estaba el Bois de Clamart. Un poco más hacia el este, Issy-les-Moulinaux, donde Matisse se había establecido en torno a 1910. Desde el siglo XIX, era una zona frecuentada por pintores.

González se había mudado a Arcueil en 1937 con toda su familia: sus dos hermanas, Pilar y Lola; su mujer Marie-Thérèse, con quien se casó para la ocasión (aunque llevaban viviendo juntos diez años) y su hija Roberta, nacida en 1909 de una unión breve con otra mujer llamada Jeanne (en realidad se llamaba Louise Berton). Artísticamente, 1937 era un buen año para él. Una escultura suya, “La Montserrat”, se exponía en el exterior del Pabellón de la República Española en la Feria Universal de París de 1937, junto con tres esculturas de Picasso. Otra escultura, terminada también ese año, “Femme au miroir”, se presentaba en una sala llena de pinturas de Kandinsky, en una ambiciosa exposición organizada en el Jeu de Paume por Christian Zervos y titulada “Origines et developpement de l’Art International Indépendant, de Cezanne à nos tours”. También había sido invitado a otra exposición, más importante todavía, organizada por Alfred Barr en el MoMA de Nueva York, bajo el título de “Cubism and Abstract Art”. Y el museo norteamericano le había comprado una obra. Todo un acontecimiento, ya que en esa época era prácticamente inaudito que un museo adquiriera obras de artistas vivos. Tomàs Llorens profundiza en la trayectoria vital y profesional del genial artista.





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En el estudio de Miguel Rodríguez Acosta
 
  LA EXPOSICIÓN
Julio González, el hombre gótico