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Takashi Murakami (Tokio, 1962) yuxtapone en su obra aspectos de la alta tradición artística japonesa de la época Edo del siglo XVIII y la iconografía budista, reelaborada a partir de la animación popular japonesa y el manga. De la unión del pop y el otaku surge el poku como una mirada universal hacia el pasado y el futuro del arte japonés. Murakami no sólo pretende la difusión de la cultura japonesa en un país poco dado a promocionarse, sino también colocar a Japón en la órbita del mercado internacional. Con motivo de la completa retrospectiva que le dedica el Museo Guggenheim de Bilbao, Kristian Leahy pregunta al artista sobre su infancia, cuando se aficionó al manga y la animación y tuvo sus primeros contactos con el arte occidental, sobre sus años de formación en la Universidad Nacional de Bellas Artes de Tokio, donde asistió a las conferencias de Merz, Christo y Beuys, y sobre su obra: la relación de ésta con la tradición japonesa, su temática y personajes así como el papel de arte en su país y la mercadotecnia que rodea a sus creaciones.
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