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Desde que, en 1982, el Prado presentara la primera exposición monográfica sobre la vida y obra de Luis Meléndez (1716-1780), han sido varias las muestras que ha protagonizado sin que la fase final del siglo XX trajese nuevas manifestaciones sobre el artista, a excepción de libros, artículos y fichas de catálogos que aclararon aspectos o incrementaron el repertorio de su brillante y aquilatada producción. Esta exposición de la National Gallery de Washington se espera que constituya una revelación para el público estadounidense al componer, las 31 pinturas y los utensilios domésticos coetáneos que la integran, un fresco de la vida doméstica hispana de la segunda mitad del XVIII. Se resalta el extraordinario talento del pintor para lograr las calidades táctiles de los elementos cotidianos, los maravillosos efectos de luz y color a vez que las sutiles variaciones de las texturas de los motivos inanimados reunidos en cada cuadro.
Meléndez es uno de los grandes pintores de su siglo, nexo entre la estética solemne de la naturaleza muerta española del Siglo de Oro y los avances de las fórmulas italianas del XVII y el XVIII. Prefigura a la vez bastantes de las ideas decimonónicas que anticipó, llegando a influir no sólo en algunos contemporáneos, sino también en el propio Goya, quien captó más de una inspiración en los cuadros que pudo ver en las Colecciones Reales y en otras particulares, los primeros realizados merced al mecenazgo del entonces príncipe de Asturias, luego Carlos IV, y de su esposa, María Luisa de Parma. Juan J. Luna traza el perfil del pintor y profundiza en las peculiaridades de su obra a propósito de esta exposición. |