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A lo largo de la historia del arte, algunas parejas de artistas han dado mucho que hablar, hasta convertirse, incluso, en auténticas leyendas. Compartir amor, pasión y creatividad se nos antoja, sin duda, una aventura envidiable, pero no exenta de ciertos riesgos. La relación entre dos creadores unidos por lazos sentimentales puede desembocar en una gran complicidad basada en el enriquecimiento mutuo, pero puede también ser una fuente de conflictos personales y rivalidades intelectuales.
Así, ha habido parejas fascinantes como la formada por Camille Claudel y Auguste Rodin, que acabó con el trágico internamiento de la escultora; Frida Kahlo y Diego Rivera, dos personalidades tan fuertes como antagónicas que llegaron a casarse dos veces, y el tándem Lee Krasner y Jackson Pollock, cuya tormentosa relación se truncó por los excesos etílicos de éste. Con todo, el destino no sería siempre tan cruel o injusto, hay ejemplos de parejas de artistas que vivieron y trabajaron en armonía como Sonia Delaunay-Terk y Robert Delaunay, Sophie Taeuber-Arp y Hans (o Jean) Arp y Niki de Saint Phalle y Jean Tinguely, que siguieron realizando proyectos juntos incluso después de su separación. Analizar cómo las circunstancias de sus vidas en común acabaron incidiendo en la evolución de su obra, favoreciendo influencias mutuas o provocando en algunos de ellos la afirmación de su propio lenguaje es, en definitiva, el objetivo de la muestra “Parejas artísticas. Amor, arte y pasión”, organizada por el Gemeentemuseum de La Haya. Marie-Claire Urberquoi analiza las relaciones de pareja de los artistas presentes en la exposición en un momento, entre 1880 y 1960, de grandes cambios en el mundo del arte, como el inicio de la abstracción, el expresionismo, el constructivismo ruso y el desarrollo de la fotografía y el Action Painting.
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