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Pocos cineastas han dejado en la historia del cine una huella tan profunda con un número tan reducido de películas. La trayectoria del director danés es insólita: comienza en el cine mudo y acaba a mediados de los 60, casi cinco décadas de dilatado arco que, sin embargo, sólo acogen –junto a varios cortos– catorce largometrajes. Es bien cierto que Carl Theodor Dreyer fue uno de los cineastas del periodo silente que acusó el golpe del advenimiento del cine sonoro. Como en otros remarcables casos –Von Stroheim, por ejemplo –, su dificultad de adecuación al sonido no procede de ninguna incapacidad o insuficiencia de talento, sino que, muy al contrario, tiene su origen en la cualidad purísima de ser un gran poeta y narrador en imágenes, indiferente o esquivo a las ventajas del uso de la palabra. Pero hay otras razones para explicar que un creador tan potente llegara a hacer solamente cinco películas sonoras en tan prolongado espacio de tiempo. Manuel Hidalgo cuenta cuáles fueron estas razones partiendo del film “Vampyr”, su primero sonoro, que se edita ahora en DVD.
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