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José Luis Rueda Jiménez, presidente de la Fundación Gerardo Rueda, señala esta gran obra maestra del Renacimiento, fechada en el 1426 y propiedad del Museo del Prado, como su obra preferida. “Esta pintura desborda serenidad y espiritualidad, y está inmersa en un ambiente de sosiego místico que muestra la profunda religiosidad del artista, fraile dominico, gran humanista y tan piadoso que los italianos empezaron a llamarlo Beato Angelico poco después de su muerte, en 1455, sin esperar a la beatificación formal, que llegaría cuatro siglos después”, afirma.
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