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Las ciudades mayas Palenque y Chichén Itzá y Teotihuacán, la más grande de Mesoámerica, tras ser abandonadas por sus habitantes cayeron en el olvido, sepultadas por la selva. A lo largo del siglo XX, recuperadas por diversas expediciones europeas, la ciudad de Pakal, la pirámide del dios Kukulcán y los templos del Sol y la Luna sufrieron reformas en ocasiones excesivas que han hecho imposible, en muchos casos, identificar los restos originales de las construcciones, consiguiendo una imagen absolutamente nueva del pasado. Asimismo, el conjunto arquitectónico de la Acrópolis de Atenas merece figurar entre los más castigados a lo largo de la historia. Levantado entre los años 447 y 432 a.C., sufrió a lo largo de los siglos numerosos ataques que se saldaron con la pérdida de valiosos tesoros. También el Templo de Agripa, el primer templo pagano consagrado como iglesia católica, ha soportado importantes modificaciones, derribos, expolios y la construcción de dos polémicos campanarios por Bernini, luego destruidos, desde que, en el siglo XIX, se descubriera que el edificio no era el original mandado construir por Agripa, como indica la inscripción del pórtico, sino una reconstrucción total y distinta ordenada por Adriano. Otro ejemplo de monumento sometido a diversas cirugías, algunas afortunadas y otras muy polémicas, es La Alhambra de Granada que, en 1691, se encontraba en estado de ruina total y, a principios del siglo XIX, invadida por alfareros, soldados y vagabundos.
Completan la lista de monumentos maltratados la Iglesia de San Sernín en Toulouse, la Catedral de Reims, la de Palma de Mallorca, el legado de Brunelleschi en Florencia (la Catedral, el Hospital de los Inocentes y el Palacio Pitti), el Monasterio de San Lorenzo del Escorial, los palacios alemanes de Charlottenburgo, Postdam y Berlín, la Casa de la Cascada de Wright en Pensylvania (EEUU), la Villa Savoye de Le Corbusier en París y el edificio de la Bauhaus de Gropious en Dessau. José Ramón Soraluce Blond explica los daños que el tiempo y sus circunstancias han infligido a todos ellos y las restauraciones que, con mayor o menor suerte, se han llevado a cabo en cada uno.
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