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“M”, el nuevo Museo Municipal de Lovaina, abre sus puertas con una exposición dedicada a Rogier van der Weyden y su escuela. Maestro de maestros, lo es por su proverbial tratamiento de las expresiones más profundas de la naturaleza humana. Se reconoce en Rogier de le Pasture, nacido en Tournai (hoy Bélgica), pintor oficial de Bruselas en 1436, ya con su apellido flamenquizado, pero a las lagunas documentales sobre su vida, se suman importantes dudas sobre su obra. Muchas de las tablas conservadas son copias, obras de taller, o tienen atribución discutida por su afinidad con su maestro Robert Campin, junto a Van Eyck, el padre fundación de la pintura flamenca. Ambos dan recursos a una escuela pictórica en alguna medida homogénea. Van der Weyden sintetizará y ordenará estas influencias novedosas para dotar a la pintura flamenca de temas, repertorio y procedimientos representativos. No es tanto un innovador como el representante primero de una nueva actitud ante las artes, más flexible, expresiva y coherente, una “nueva práctica” de aquello que venía limitado por los medios de expresión estereotipados del gótico internacional. Su mérito es zurcir las ideas y el arte de su tiempo y combinarlas en una suma de elementos. Estos hallazgos pictóricos ofrecían el instrumento perfecto a la “Devotio moderna”, el espíritu religioso que promulgaba la empatía con Cristo a través de la exaltación de su pasión y sufrimiento humanos, animada por una creencia de cultivo personal. Francisco J.R. Chaparro realiza un recorrido por la obra de Van der Weyden, describiendo su aportación al arte flamenco al hilo de esta exposición, que propone visitar de un modo nada ortodoxo.
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