|
Resulta difícil exagerar la importancia de Alexander Rodchenko, artista polifacético cuyas aportaciones siguen influyendo casi un siglo después. En la muestra “5x5=25” de 1921 presentó su serie “Color puro rojo, color puro amarillo, color puro azul”, cuyo sentido reflejan sus propias palabras: “Todo ha terminado. Cada plano es un plano y no tiene que haber más representación”. A partir de su firma, en 1921, del Manifiesto Productivista se compromete al abandono de la práctica artística “pura” para orientar su trabajo a la fabricación de objetos de uso. Esto conllevó su inicio en la fotografía, el diseño y el fotomontaje. Dejó de fotografiar a partir de 1942. Apartado del realismo socialista impuesto por el Estado, su muerte, en 1956, tuvo lugar en el más completo olvido dentro de su país. La biografía de Lyubov Popova es muy distinta a la de Rodchenko. Su encuentro con Malevitch constituyó una revelación que marcaría su trayectoria. Le interesaba lo que denominó el valor arquitectónico del cuadro. En 1919, con motivo de la exposición “Creación no objetiva y Suprematismo”, se abrió una brecha entre ambas tendencias, tras lo cual Popova se adhirió al movimiento constructivista. De entonces data su pintura luminista abstracta, su aportación personal al constructivismo. Participó en la exposición “5x5=25” y sus pronunciamientos junto a los de sus cuatro compañeros dieron lugar al Manifiesto Productivista. Colocar como iguales a Popova y a Rodchenko da idea no sólo de la importancia como artista de la primera, sino de la propia configuración del constructivismo, uno de cuyos rasgos distintivos fue otorgar a las mujeres un lugar que sólo se generalizó realmente en el arte a finales del siglo XX. José María Parreño desgrana las trayectorias vitales y artísticas de ambos creadores a propósito de las exposiciones que sobre ambos coinciden en Madrid.
|