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En algún momento habréis experimentado ese efímero estallido sensorial que, en tanto que abandono de sí y vuelta a la continuidad primigenia del Ser, algunos han llamado pequeña muerte. He oído que algunas personas pierden incluso la conciencia como en un éxtasis laico… y eso, de alguna manera, puede ser considerado una anticipación de la muerte definitiva. Partiendo de esta premisa, Georges Bataille resumió el problema con la contundencia aforística que caracteriza el último libro que escribió, “Las lágrimas de Eros”, precisamente el mismo que ha inspirado el título de la nueva exposición temporal que, comisariada por Guillermo Solana, ha organizado el Museo Thyssen: “Ocurre que el erotismo y la muerte están vinculados”. No obstante, en ocasiones las exposiciones que se inspiran en libros acaban por convertirse en estrepitosos fracasos, independientemente de que esos mismos libros sean de veras imprescindibles. Ocurrió en el propio Thyssen hace no mucho tiempo, cuando se pretendió dar forma de exposición al ensayo de Victor Stoichita sobre la historia de la sombra: un buen libro que demostró sus penumbras a la luz, nunca mejor dicho, de aquella muestra. En esta ocasión, el riesgo era mayor, puesto que el autor del libro hace mucho tiempo que murió y el contenido del mismo es, por decirlo así, aún más filosófico o incluso metafísico que el de Stoichita, y ya se sabe que filosofía y metafísica nada tienen que ver con las artes, mal que les pese a algunos. El resultado, en ese sentido, es ahora notable, pues era y es muy difícil enfrentarse a esas dos grandes ficciones simbólicas que son el amor y la muerte y, además, con éxito. José Riello realiza un recorrido crítico por los contenidos de la exposición, articulada a través de algunas fábulas fundacionales de la cultura occidental.
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