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El 4 de abril de 2010 se cumplirá un siglo desde que Alfonso XIII diera el golpe de piqueta con que comenzaban los derribos necesarios para abrir la Gran Vía madrileña. Se iniciaba así la creación de la calle más importante de España en la primera mitad del siglo XX, una operación urbanística trascendental para convertir a la capital del reino en una metrópoli europea, siguiendo los modelos de otras grandes ciudades como París, que ya contaban con amplias avenidas formadas por grandes edificios modernos, capaces de cambiar la escala de la ciudad. La sorpresa sería ver que una calle nacida con arquitectura parisina, pronto mostró una irresistible vocación por parecerse a Nueva York. La Gran Vía de Madrid ha sido protagonista de la historia de la capital y ha estado presente sin interrupción en las artes a lo largo del siglo XX. Desde el primer momento se convirtió en la calle de las grandes tiendas, de los hoteles y de las oficinas más lujosas, de las salas de cine y los grandes almacenes, de las joyerías, los clubes, casinos, salas de fiestas y bares de lujo. Adoptó el protagonismo de la excelencia y la modernidad a escala nacional, siendo el centro de atracción para todos los que llegaban desde las provincias a descubrir lo mejor que podía ofrece una gran ciudad moderna. Si un lugar de España podía emular a Nueva York, era, sin duda, la Gran Vía madrileña. Enrique Domínguez Uceta repasa la historia de esta importante arteria de la capital desde su construcción hasta la actualidad, cuando ha sido retratada por creadores plásticos como Antonio López y Eugenio Ampudia.
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