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Salvador Dalí vio claro el atractivo de los dibujos animados y se embarcó en 1946 con Walt Disney en el diseño y realización de un cortometraje de seis minutos, titulado “Destino”, proyecto que no cuajó en su tramo final y del que se conservan unos pocos segundos originales. La anécdota viene a cuento para reflexionar sobre las indudables posibilidades que para los artistas plásticos presenta la creación de imágenes animadas por ordenador. “WALL-E” (2008) ha sido el aldabonazo anterior a “Up” (2009), la película que, con toda claridad, alertó de que la animación por ordenador tomaba nuevos rumbos que fascinarían no sólo a los niños empujados al cine por sus padres, sino –y sobre todo– a los propios padres, por arrojar un resultado estético que no puede dejar indiferente a ninguna persona mínimamente capacitada para el disfrute de la belleza. Por Manuel Hidalgo.
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