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Creemos en la carne, lo que somos. Vivimos en la carne, lo que nos encierra. Pensamos en la carne, con la carne, desde la carne. La carne padre, la carne hija, la carne espíritu nuestro. Buena para acariciar, buena para palpar, buena para comer. La pobre carne traída y llevada, la querida carne viajera por los cinco continentes, la dulce carne que ha atravesado el tiempo, de carne en carne, de cuerpo en cuerpo, hasta llegar aquí, a nosotros mismos, a nuestra carne propia. Carlos Marzal reflexiona sobre el cuadro “Benefits supervisor resting”, de Lucian Freud.
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