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El inframundo no es un mundo por debajo del mundo, un mundo inferior al mundo que erigen nuestros sentidos, un submundo que nos aguarde después de nuestro paso por el mundo que conocemos –que creemos conocer–. No: el inframundo es el mundo nuestro, el mundo de todos los días, todos los días del mundo al alcance de la mano. El inframundo somos nosotros mismos en el mundo. Lo que hemos hecho del mundo con nuestras propias manos, con nuestras propias obras. La serie “Pájaros” de Constantine Brancusi, compuesta por esculturas sobre el vuelo de las aves, realizadas entre 1919 y 1940, inspira la reflexión de Carlos Marzal.
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