|
“De poco sirve ganar una batalla si al final se pierde la guerra”. Es el sentimiento reinante entre miembros del CSIC, restauradores, conservadores de museo y técnicos del mundo del arte, tras el inesperado anuncio del Patronato de Altamira: las cuevas se abren de nuevo. Sólo falta que un grupo de trabajo respalde la decisión con un estudio, que se hará público a finales de 2010. Desde las instancias políticas se asegura que las visitas serán restringidas (como entre 1982 y 2002) pero la mayoría de técnicos desaconseja la reapertura de las cuevas que fueran designadas Patrimonio de la Humanidad en 1985. Entre ellos, el vicepresidente de las áreas científico-técnicas del CSIC, Juan José Damborenea: “La gente entra con aire del exterior; llevan partículas con sus nutrientes; hay vibraciones, respiraciones, que suponen CO2 y vapor de agua... Es muy complicado poder cuantificar el desgaste al que va a someterse a las pinturas”. Muchos se hacen la misma pregunta: “¿De qué ha servido aquella “Altamira gemela” levantada en el 2001, cuyo cometido era liberar de visitantes las pinturas originales por motivos de conservación?”. Detrás de la maniobra está el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, empeñado en que sea Obama el primer visitante de la reapertura. Y junto a él, la ministra de Cultura, María Ángeles González-Sinde, y Emilio Botín, del Banco Santander, cuya abuela –María Sanz de Sautuola– fue la primera mortal en reencontrarse con las pinturas allá por 1879. Con ella volvió a nosotros, tras diez mil años de mutismo, la “Capilla Sixtina del Arte Cuaternario”, a la que vuelve la polémica tras más de un siglo. Daniel Casado Rigalt estudia la trayectoria de las Cuevas de Altamira desde su descubrimiento hasta la actualidad.
|