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La historia del arte es un organismo en permanente negociación. Los catálogos de algunos de los pintores más importantes de todos los tiempos continúan siendo, después de todo, un memorándum de misterios, de obras desechadas una vez, aceptadas más tarde para volver a ser rechazadas después, discutidas, separadas, redescubiertas, modificadas, perdidas, que dan cuerda a debates con frecuencia irresolubles. En las cartelas antiguas sobreviven los vestigios de esas disputas: ese cuadro de la escuela sevillana nunca fue un Velázquez, Tiziano no posó el pincel sobre esa torpe copia posterior. No siempre existe una instancia ajena que consultar, a lo que se añade la natural ambigüedad de la expresión artística y la indeterminación de lo pasado, que rara vez ofrece suelo firme a estos juicios. Todo depende entonces del cada vez más trascendente concepto de decisión y del consenso. Así que detrás del escaparate exquisito del arte se oculta una potente maquinaria en ebullición que, entre otras cosas, se encarga de refinar el propio combustible que la pone en marcha. En pleno apogeo en todos los ámbitos culturales de los discursos autoconscientes, era cuestión de tiempo que algún museo tradujera esta inquietud a su lenguaje natural, la exposición, aunque fuera movido por un deseo de legitimación cientificista. Éste es el propósito de “Close Examination”, en la National Gallery de Londres, que deja al descubierto las costuras del sistema del arte rastreando a través de ejemplos los métodos utilizados para verificar la paternidad, la cronología o la falsedad de una obra. Francisco J. R. Chaparro explica los procesos de atribución o verificación de la autoría de una obra de arte a partir de los ejemplos seleccionados en esta muestra y de los más celebres conocidos de discutida procedencia, como la “Dama de Elche” o el “Laocoonte y sus hijos”. Al hilo del tema, Javier Memba analiza el documental “Fraude”, de Orson Wells y Conxa Rodríguez traza el perfil del famoso falsificador John Myatt.
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