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En una entrevista reciente, Thomas Krens, ex director de la Fundación Guggenheim y actualmente impulsor del nuevo Guggenheim Museum de Abou Dabi, declaraba que algunos centros y museos de arte contemporáneo podrían verse obligados a cerrar por falta de financiación porque la onda expansiva de la crisis económica puede ser muy larga. Iba incluso más lejos, asegurando que “el mapa museístico en todo el mundo se verá drásticamente reducido”. ¿Simple “boutade” de alguien que ha hecho de la polémica una de sus armas favoritas o una advertencia seria? Los museos y, en especial, los dedicados al arte contemporáneo han vivido una auténtica edad de oro durante los últimos veinte años, acompañados por un desarrollo vertiginoso del mercado del arte, pero esta situación podría cambiar de forma dramática. Ahora mismo, ni las instituciones públicas ni las privadas escapan de la recesión. Conviene hacerse a la idea de que el sistema de financiación público tal y como lo conocemos en Europa, no asegura que, a largo plazo, el futuro de los museos esté garantizado. Por este motivo hay una tendencia por parte de los gobiernos en convertir los grandes museos nacionales en “entes autónomos”, un estatuto que permite desarrollar actividades lucrativas para financiarse. España, que no es ajena a este proceso, es quizá uno de los países europeos en los que la creación de museos y centros de arte contemporáneo se ha acelerado en los últimos veinte años de una manera más intensa. La lista llega casi a los 30 museos, y nos referimos sólo a los financiados por instituciones públicas. Marie-Claire Uberquoi expone la delicada situación de los museos frente a la crisis y las diferentes opciones que se han propuesto para atajarla.
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