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No
pocas veces, Oriente ha representado ese espacio de fantasía
sobre el que los europeos han proyectado sus deseos y los territorios
del Norte de África se han convertido en tierras inalcanzables
y peligrosas, ricas y exóticas, que han inspirado a numerosos
escritores y artistas.
Paul Klee, uno de los artistas suizos más importantes del
siglo XX, se planteó también visitar el Norte de África,
como un viaje de estudios, y en 1914 partió rumbo a Túnez.
La experiencia transformó su forma de concebir el mundo y
le hizo descubrir una nueva forma de pintar: "El color y yo
somos una misma cosa: soy pintor", llegó a exclamar
tras el regreso de su particular viaje al Sur.
Félix Fanés, catedrático de Historia del Arte,
recuerda en un artículo aquella experiencia de Klee, así
como los momentos más destacados de la misma. El autor se
apoya en las anotaciones que el propio artista realizó durante
su odisea, en las que se puede apreciar su evolución profesional
y la fascinación que le causaron aquellas tierras desconocidas
y soleadas.
Todo el artículo se ilustra con algunas de las obras que
el pintor realizó durante aquella época de su vida,
como Ante las puertas de Kairuán (1914) y con los cuadros
de otros pintores que también buscaron en algún momento
de sus vidas los colores y la luz del Sur, como Delacroix y Matisse.
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