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La
singularidad de la fachada principal del Museo Nacional Centro de
Arte Reina Sofía cobra estos días un sentido muy especial
ante el cartel que anuncia la gran exposición retrospectiva
de Gerardo Rueda, que estará abierta hasta el próximo
mes de enero, en Madrid.
El nombre de Rueda no ha dejado de crecer desde su muerte, en 1996.
Nacido en Madrid, el 23 de abril de 1926, estudió en el Liceo
Francés. Tras copiar a los clásicos, sus primeras
pinturas mostraron ya los planteamientos estructurados y arquitectónicos
que le definieron durante toda su vida y logró exponer en
la Galería de la Revista de Occidente y, en numerosas ocasiones,
en la Sala Abril, donde estableció contacto con intelectuales
y artistas del momento.
En 1957, obtuvo un amplio eco su exposición en París
y a partir de 1963 colaboró activamente en la instalación
del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, que se inauguró
tres años más tarde.
La muestra actual en el Reina Sofía no hace sino confirmar
la gran importancia de su obra en el arte de la segunda mitad del
siglo XX: sus construcciones o pinturas evidencian una gran ambición
formal, un universo que, a través del orden, el volumen y
el color persigue la alta definición de aquel icono que encierra
en sí mismo toda perfección.
Manuel Romero, comisario de Exposiciones y amigo de Gerardo Rueda,
recuerda este mes en Descubrir el Arte la obra y personalidad de
uno de los grandes artistas españoles de todos los tiempos
y Barbara Rose, crítica de Arte, escribe sobre la vida del
pintor, que siempre huyó de la fama y el cotilleo.
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