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"Cualquier
museo y galería que pretenda contar la historia del gran
arte de nuestro siglo, la contaría incompleta si no presentara...
los cuadros suaves, delicados, luminosos y brillantes que certifican
la evolución del talento de Alfred Sisley".
Así hablaba el crítico francés
Gustave Geffroy, en 1899, para referirse a un pintor que había
muerto ese mismo año y que había dedicado toda su
vida al paisaje, sin conseguir (entonces ni después) un reconocimiento
semejante al que lograron casi todos sus compañeros impresionistas.
Sólo Sisley y Pizarro, que iban "en la misma barca",
quedarían "en la retaguardia del impresionismo",
como se queja amargamente el segundo en una carta a su hijo Lucien
(1895).
A diferencia de sus contemporáneos Renoir
y Monet, Sisley, vendió muy pocas obras a lo largo de toda
su vida, sobreviviendo gracias a unos pocos coleccionistas. Y sólo
en las últimas décadas, la obra del pintor ha recibido
el reconocimiento internacional del público y la crítica.
Hace diez años se le dedicó una exposición
en Londres, París y Baltimore; ahora se presenta por primera
vez en España una gran retrospectiva monográfica,
con más de sesenta cuadros expuestos. Entre ellos, algunos
de los más importantes de la producción del pintor.
En el número de junio, Mari Santos García
Felguera, profesora de Historia del Arte, recuerda la trayectoria
vital y profesional de uno de los grandes pintores de todos los
tiempos y presenta todos los datos útiles sobre la muestra.
El reportaje se ilustra con algunas de las obras más significativas
de Sisley, como "El puente de Villeneuve-la Garenne" o
"La iglesia de Moret. Atardecer".
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